MENÚS DE LOS COMEDORES ESCOLARES
COMPOSICIÓN Y VARIEDAD DE LOS
MENÚS.
- La estructura ideal de un menú saludable debe
incluir, como base del primer plato o como guarnición del segundo,
algún alimento del grupo de verduras y hortalizas o patatas,
pasta, arroz, legumbres, maíz, etc. Un segundo plato
a elegir entre pescado, carne o huevos, que irá acompañado de las
guarniciones previamente mencionadas. El postre será
una fruta y como complemento, se podrá
incluir un lácteo. La comida siempre irá acompañada de pan
y agua.
- El diseño de las dietas debe adaptarse a un modelo
que contenga la mayor variedad posible de tipo de alimentos,
haciendo especial hincapié en los alimentos vegetales: verduras y frutas y
limitando los alimentos con mayor valor energético pero escaso contenido
de nutrientes. Se deben consumir distintos alimentos alternando entre los
de cada grupo porque pueden tener contenidos muy diferentes de nutrientes
dentro del mismo.
- El criterio de variedad de los menús debe
contemplar, además de variedad en los alimentos, la de
sus formas de elaboración, diversificando los procesos
culinarios (hervidos, plancha, fritos, estofados, etc.) y de presentación,
que debe resultar atractiva.
- Se deberá controlar el volumen, el tamaño
de las raciones y los ingredientes dentro del plato para tratar
de conseguir que el escolar pueda comer el total del menú y no se quede
exclusivamente en el consumo de aquello que le gusta.
Además, se tendrán en cuenta los
siguientes aspectos:
- Se fomentará desde el comedor escolar el
conocimiento de los alimentos, así como el de los aspectos
gastronómicos y el gusto por las recetas tradicionales de diferentes zonas
geográficas del país o diferentes culturas.
- Incluir recomendaciones sobre el resto de
ingestas del
día que sean complementarias del menú escolar.
La oferta del comedor escolar
debe ser suficiente, equilibrada, variada y saludable para los niños y niñas
sin olvidar que les debe ser placentera. En efecto, además de proporcionar una
comida de calidad nutricional e higiénica, la comida, en el colegio como en
cualquier otro sitio,debe ser un momento de placer para ellos permitiéndoles
disfrutar de una experiencia sensorial agradable, compartir con sus compañeros
y compañeras este momento de buena convivencia, y descubrir los aspectos
sociales, culturales, y gastronómicos que rodean el momento de la comida.
Los hábitos comienzan a
adquirirse en el seno de la familia, y podemos comprobar que si a una persona
adulta no le gusta determinado alimento y le preguntamos que comía de niño
en su casa, seguramente comprobaremos que ese alimento no figuraba en el menú
familiar.
Así mismo sabemos lo complicado,
la dedicación, la paciencia y la perseverancia que se necesita
hasta conseguir que un niño se habitúe a un alimento desconocido para él. Si a
eso se une el cansancio, la falta de tiempo o el estrés de los padres, podemos
caer en el error de sucumbir a darle solo aquellos alimentos que son de su
agrado y come sin protestar, lo que le llevará a adquirir hábitos no saludables
y que pueden derivar en una malnutrición.
Esta labor familiar, hoy se
comparte en gran medida con los profesores de las escuelas infantiles y
colegios, que disponen de conocimientos pedagógicos y psicológicos que han
adquirido a lo largo de su carrera, a los que deben añadir conocimientos
nutricionales necesarios que garanticen un control de los alimentos que
proporcionan a sus alumnos en los comedores escolares, colaborando con los
especialistas y las familias. A veces estas cometen errores involuntarios por
desconocimiento y esta relación ayudará a corregir defectos en el propio hogar
que mejoren su salud.
La hora del comedor debe
considerarse como una hora más de aprendizaje, amena y
agradable y que va desde habituar a los alumnos a las diferentes texturas y
sabores en los más pequeños, a un posterior nivel de conocimiento de los
diferentes alimentos y a la preparación de platos simples, con los alumnos a
partir de los 3 años y la participación de los padres a través de talleres y
actividades
La Estrategia NAOS y el
Programa PERSEO, estableció los “desayunos saludables” en los
Centros Educativos de Infantil y Primaria. Esta primera ingesta del día muy
frecuentemente se realiza de manera insuficiente no dándole la importancia que
tiene, incluso aún peor, en algunos casos no se realiza.Debemos saber que
después del periodo de ayuno nocturno, el desayuno debe aportar los nutrientes
que necesita el organismo como son los hidratos de carbono, las proteínas, los
lípidos, las vitaminas hidrosolubles y liposolubles y los minerales (hierro,
calcio, magnesio, cinc, etc.) y el aporte energético necesario para afrontar
las actividades del día a día.El desayuno mediterráneo presentó un menú muy
saludable compuesto por fruta, yogur, leche y pan con aceite de oliva virgen y
tomate rallado, según las edades, esta experiencia tuvo gran acogida por parte
de los alumnos y de los padres y se observó una mayor atención y rendimiento de
los alumnos en el proceso de aprendizaje. Como complemento, se promovió la
psicomotricidad y actividad física no competitiva (juegos) y la ordenación del
descanso.
Son muchos los niños que van a
los centros educativos sin haber dormido lo suficiente y si a esto le añadimos
un desayuno deficiente tenemos una caída en los niveles de glucemia (que en los
niños se produce más rápidamente que en los adultos), que se traduce en una
apatía y somnolencia que impide la atención y la actividad. Además estos malos
hábitos alimentarios y la falta de ejercicio potencian el riesgo de
enfermedades cardiovasculares, obesidad (38% de nuestros niños presentan
sobrepeso) y diabetes.
La adquisición de hábitos saludables viene facilitada por el desarrollo de las competencias básicas recomendadas por la UE y en cada uno de los niveles podemos desarrollar la lingüística (nombre de los alimentos), la matemática (introducción a los números, contar), la interacción con el mundo físico, la social y ciudadana (comedores), la cultural y artística (dibujar, colorear) y la autonomía e iniciativa personal que el Profesorado debe desarrollar en su Programación Anual de Centro. Además, es conveniente resaltar que las actividades con los padres en talleres de cocina y actividad física fortalecen el compromiso educativo de las familias no solo con el centro sino también entre ellas.
Concluyendo recordaremos que es
necesario:
- Introducir en las programaciones los
conocimientos sobre hábitos alimentarios usando las competencias
básicas adecuadas a cada etapa.
- Contemplar el comedor escolar como una actividad
educativa importante y divertida.
- Acompañar la educación en alimentación con acciones
lúdicas que incluyan la realización de actividad física.
- Buscar la implicación y participación de
las familias, que se beneficiaran de los nuevos conocimientos.
- Trabajar en la conciliación familiar.
- Saber que los hábitos alimentarios que ayudemos
a aprender a nuestros alumnos influirán en su salud, no sólo durante la
infancia sino también en la edad adulta.
- El trabajo de todos hará que los escolares consigan
aprender hábitos alimentarios correctos y descubran nuevos sabores.
Recordemos que “se necesita el trabajo de toda la tribu para educar a
un niño”.
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